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Testimonios de cristianos que volvieron a las sendas antiguas o que se re injertaron al buen olivo llamado Israel.

Enriquece por favor esta sección con tu propio testimonio, para que nos demos cuenta que no estamos solos en nuestro regreso a casa...

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Serví al Señor en diferentes congregaciones cristianas en la ciudad de México, en diversos ministerios, desde los cuneros hasta los grupos de matrimonios etc. hasta que recibí el llamado de servir como pastor asistente de una congregación que iniciaba y que con el tiempo ha llegado a ser una de las más conocidas entre la juventud cristiana en la ciudad de México.

Durante ese tiempo como pastor asistente y como director de un instituto Bíblico, descubrí a través del estudio sistemático de las escrituras, que había algo en la teología y dogmas cristianos que simplemente no encajaba o estaba ligado a la fuente original hebrea de donde viene toda la sagrada escritura, es decir, me di cuenta que el Cristianismo se había convertido en una religión o estilo de vida totalmente diferente a la que vivieron los patriarcas Abraham Isaac y Yacob, los profetas, y por supuesto Jesucristo y sus apóstoles, ya que ellos nunca dejaron de ser judíos. Que “algo” o “alguien” había intervenido en la historia para descontextualizar la Biblia y crear un sistema de creencias diferente al que predico Jesucristo, o más bien Yeshua, cuál es su nombre original. Que el paganismo o las costumbres ajenas a la Biblia una vez más se habían infiltrado llenando de levadura le fe original, y que era tiempo de reexaminar diligentemente mi fe, para comprobar si en verdad era una fe Bíblica, o una fe fabricada por las tradiciones e intereses políticos y económicos de los hombres.

Dicha investigación no fue fácil, me llevo varios años de búsqueda y disposición humilde de escudriñar costase lo que costase, Dios me permitió viajar a los lugares donde se escribió la Biblia, y tener acceso a información que ahora está disponible ampliamente gracias a los avances tecnológicos como el internet y que dan acceso a estudiar como nunca antes las fuentes y contexto histórico de los autores sagrados. Ya no estamos en una época de oscurantismo en que una institución pueda esconder la verdad que nos hará libres, me di cuenta que por siglos el imperio Romano trato de perpetuar su dominio mundial de manera militar, pero cuando ya no le fue posible hacerlo, trato de hacerlo por el lado de la “fe” creando una religión universal que controlara la humanidad, sin embargo un grupo de líderes de esa misma institución, después de ver siglos de abusos e incongruencias en el máximo líder de esa institución, decidieron protestar ante ello e iniciar una reforma cuyas implicaciones llegan a nuestros tiempos y es necesario continuar.

De la misma manera hubo un momento en mi vida que como esos reformadores, tuve que tomar la decisión entre conformarme y mantenerme en la “comodidad” de las doctrinas establecidas, o luchar ardientemente por la fe dada una vez a los santos; Dicha lucha una vez más, no ha sido fácil, al principio me causo muchas desilusiones, perdida de “amistades”, burlas, rechazos, soledad, etc. Sin embargo, el tiempo me ha permitido constatar y confirmar que es la mejor decisión que he hecho, el tomar en serio la palabra de Dios, el escudriñar lo que literalmente dice, es el regalo más grande que he recibido, al comprobar que en efecto en esto consiste la vida eterna, en conocer al único Dios verdadero, y a Yeshua su hijo como realmente fue, y no como las tradiciones e intereses humanos lo pintan.

Esa búsqueda me llevo finalmente a vivir en Israel, en Galilea al principio, a unos cuantos minutos de Capernaum donde él vivió, y ahora en el desierto del Neguev, del cual algún día anhelo que surjan ríos cuando Dios haga volver la cautividad de Jacob según el Salmo 126, o al hijo prodigo de la provincia lejana que derrocho su herencia...

Pastor José Antonio Sánchez V.




Mi madre siempre procuró enseñarme acerca de Dios, como católica devota me inculcó los valores cristianos desde pequeño. Asistí al catecismo hasta la edad de 12 anõs, hice mi primera comunión a los 9 años y me gustaba mucho ir los domingos a la Iglesia local en Puerto Rico. Leía mucho el Nuevo Testamento para niños y recuerdo que una de las historias que más me impactó fue la del hijo pródigo. Deje de asistir a la iglesia cuando entré en la adolecencia y me aparté completamente de Dios hasta convertirme en un ateo y aún hasta llegué a blasfemarlo. Sin embargo él siempre tuvo misericordia de mi, a los 36 años me trajo de vuelta en una iglesia pentecostal en Kansas, EU, al cual asistí por espacio de 4 años. Fue ahí en dónde reconocí su bendita misericordia y entregué mi vida a él por medio de la fe en el Mesías. En mi búsqueda por comprender mas la Biblia me llevó a estudiarla de forma sistemática, aprendí acerca de la historía de la cristiandad, la teología dispensacional, la teología reformada e historia universal.
Fui líder y maestro en una iglesia cristiana no denominacional a la cual pertenecí por espacio de 2 años hasta que me hallé con la realidad del contexto hebraico de la Biblia que hizo que dejará de enseñar en mi congregación y renunciara como líder para dedicarme a aprender todo nuevamente desde el contexto hebreo. Fue así que encontré el sitio de descubrelabiblia.org del hermano José Antonio Sánchez que ha sido de gran bendición para mi vida. El camino ha sido largo para mi, 8 años, desde que redediqué mi vida al Eterno pero muy fructífero. Descubrí la revelación de las dos casas hace año y medio y transformó mi manera de ver la Palabra de YHWH. Es una revelación que el Eterno está revelando gradualmente a todos los que le buscan y que espero que este sitio sea instrumento para ello.

Antonio Sotelo. Kansas City, MO USA




TESTIMONIO PERSONAL
Dr. Jorge Raúl Medina Chávez

Con respecto a mi relación con el Eterno, bendito sea, la historia de mi vida pudiera tener muchas coincidencias con la de muchos de los que hoy estamos aquí. El punto central de mi vida lo puedo definir con una sola palabra: BÚSQUEDA. La búsqueda del verdadero Dios y la búsqueda del correcto entendimiento de lo que actualmente conocemos como Su revelación, Su Palabra o la Biblia. Nací y crecí en el ambiente de una familia numerosa en la ciudad de Mérida. De niño nunca pude reconocer en mi padre, Don Cirilo Medina López, que el Eterno tenga en su gloria, alguna actitud religiosa. Nunca se persignaba, ni rezaba, ni juraba por Dios, ni acudía a algún templo, más que en ocasión de alguna boda; pero se consideraba a sí mismo católico. El fue un hombre honesto y trabajador, todo un caballero. Mi madre, Felipa Chávez, fue la madre más amorosa del mundo. Ella era muy religiosa, pero con la misma facilidad con que le rezaba a Dios, no tenía el menor empacho para encender velas a sus santos y hacerles oraciones, y al mismo tiempo decidirse por consultar con hierbateros y médiums sin hacer ninguna distinción, considerando todas sus creencias como componentes de un solo paquete. Ella se reconocía como católica, pero solo en muy contadas ocasiones le acompañé a misa o a rezar por sus muchas preocupaciones, casi siempre relacionadas con las enfermedades de sus muchos hijos, por sus dificultades para poder darnos de comer a todos o por el sufrimiento por alguna inconveniencia con mi padre.
Así es que… nací cristiano sin proponérmelo y católico… tan sólo por haber nacido.

Mis años juveniles fueron de decepción religiosa por el descubrimiento del doble discurso de “la Iglesia” y sus representantes, involucrados históricamente en la lucha por el poder sobre las personas y sobre los pueblos, en su ambición insana por las riquezas, en su ostentoso estilo de vida, en su crueldad expresada en guerras “santas” y en la creación de un monstruoso instrumento de persecución y de represión religiosa que a la que llamaron Santa y que apellidaron Inquisición, por un lado, y por otro: el discurso plañidero y cruel hacia los fieles que en ellos confían para que acepten con resignación la miseria económica y espiritual de las tristes vidas que Dios les dio para vivir.

No ocurrió de un día para otro, pero mi infantil creencia y confianza en Dios fue como la luz de una vela que parpadeó hasta apagarse. Casi diez años viví ateo. Quisiera decir que moralmente sin ser mejor o peor que cualquiera, pero en lo demás, con el objetivo de sacar adelante mi vida y vivirla con honestidad, ética y deseo de progresar.

En el último año de la carrera de Medicina, mi reencuentro con Dios se dio a través de un compañero de nombre Ricardo Santana, cuya conducta diaria era la genuina expresión de fe que profesaba. Nos hicimos excelentes amigos, pero siendo su fe y su insistencia en compartirme de Jesucristo, incompatible con mi ateísmo, groseramente le amenacé con las siguientes palabras: “Eres una excelente persona y amigo, pero si sigues insistiéndome con eso de Cristo, es mejor que acabe aquí nuestra amistad y no que un día salgamos peleados”. --- Él me contestó: “No voy a seguir hablándote de Cristo, pero tú no me vas a poder impedir que yo siga orando por ti”. Entonces yo le contesté: “Por eso no hay problema, hazlo si quieres”. Seis meses después hablé a su casa para pedirle que me ayudara a comprar una Biblia. Él fue mi primer maestro de Biblia. Él es presbiteriano y habiendo sido su rector, actualmente es catedrático del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo, en Mérida, Yucatán.

De entre tantas corrientes religiosas, hoy le agradezco al Eterno, el haberme dirigido precisamente hacia dónde debía empezar. Pero créanme, mi deseo inicial no fue el de hacerme creyente, sino todo lo contrario. Mi interés era el de leer las Escrituras para refutarlas, pero solo después de haberlas conocido y estudiado. Teniendo un verdadero interés por conocer más y más de la Biblia, sin pretenderlo, su contenido me llevó: del reconocimiento de mis propios pecados, a la necesidad de arrepentirme de ellos, a la incapacidad para salvarme a mí mismo, y de allí al reconocimiento de que Dios, previendo mi necesidad, pero también mi incapacidad, por medio de su hijo había hecho ya los arreglos necesarios para que fuera salvado.

Durante más de 25 años viví ya por convicción, como cristiano evangélico Bautista. Mi deseo de cada día de conocer más y más al Eterno y de su obra, se ve expresado, en mi casa, que es también la de ustedes, por la gran cantidad de libros cristianos que durante los últimos 10 años he leído. Durante mis primeros 15 años leí solo la Biblia, pero mi necesidad de tener una comprensión más profunda y congruente de ella, me condujo a intentar conocer la opinión de otros creyentes que han dedicado esfuerzos similares al mío.

El resultado: opiniones divergentes e interpretaciones ligeras; en algunos autores, mucha sinceridad, en otros en cambio, superficialidad, orgullo y deseo de lucro. Que conste que no he dicho intención de engaño. Estoy convencido de que cada quien cree lo que puede entender. El resultado es que vivimos un cristianismo cada vez más dividido y contradictorio que se aleja cada vez más del estándar de que los miembros del cuerpo del Mesías “andemos como es digno de la vocación con que fuimos llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándonos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, un cuerpo, y un Espíritu, como fuimos también llamados en una misma esperanza; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”. Me pregunto: ¿somos esto después de dos mil años de cristianismo?

Desde hace ya varios años mi búsqueda de Dios y de Su verdad me llevó a reconsiderar muchos de los dogmas de fe que los cristianos tenemos en común.

Nuestro Maestro, Yeshúa el Mesías, nos advirtió por medio de la parábola de la levadura, que la pureza de la Palabra de Dios habría de contaminarse con enseñanzas de hechura humana. He seguido su consejo, y les aseguro, que es posible rastrear el origen de muchas doctrinas cristianas, ya sean de católicos, de protestantes, de evangélicos, mormones, testigos de Jehová, etc., etc. y etc., hasta llegar a las opiniones y enseñanzas de los llamados Padres de la Iglesia (todos ellos de origen gentil e influidos por los esquemas pensantes de los filosóficos griegos de su época) y en los acuerdos doctrinales de los concilios ecuménicos organizados por la Iglesia de Roma. Solo como ejemplo: la palabra Jehová usada para intentar pronunciar el Nombre Inefable del Eterno, que aparece en la mayoría de las versiones en español de las Escrituras, se atribuye a Peter Galatin, confesor del papa Leo X, apareció por primera vez en una publicación fechada en 1518. Nuestro maestro Yeshúa nos ordenó: “escudriñad las Escrituras”, pero si consideramos que en los días de su manifestación no existían ni los evangelios ni ninguna de las cartas apostólicas. ¿A qué escritos entonces se refería? Varios años después, el apóstol Pablo hacía la siguiente recomendación: “No se conformen a este siglo, sino transfórmense por medio de la renovación de su entendimiento, para que comprueben cuál sea la voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro 12:2).

En fin, mi búsqueda, mi estudio de las Escrituras siempre topó con la falta de congruencia en temas, que para sentirme importante, catalogué como controversiales. Sabía que había más, mucho más. Eran muchos cabos sueltos, y demasiadas piezas del rompecabezas teológico que no armonizaban. Pero Dios conoció mi corazón y escuchó mi anhelo, tuvo de mí misericordia y trajo a mí la “piececita” que me faltaba: el misterio de mi identidad y de mi rol en el plan profético de Dios. Ello me recuerda lo que Yeshúa le dijo a Pedro: que el entendimiento viene del Eterno por revelación: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo revelo carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt 16:17). Hace casi dos años Dios me reveló en las Escrituras y por medio de José Antonio Sánchez Vilchis el misterio de mi identidad. Pasamos junto con mi esposa e hijos por momentos de shock, de miedo de estar haciendo lo incorrecto, de ser testigos de ver cómo muchos dogmas hasta entonces inamovibles caer por su propio peso. Nos hicimos la consigna de primero enterarnos muy bien de todo lo que enseñaba, antes que tomar una decisión precipitada. Con sorpresa, pero también con alegría, descubrimos que ahora sí podíamos entender esos textos “controversiales” por los que nuestros ojos habían pasado tantas veces en los años anteriores.

No intento convencer, solo comparto mi propia experiencia. Puedo decirles que el estudiar las Escrituras desde el libro de Génesis hasta el de Apocalipsis, brinda un entendimiento muy distinto que si lo hacemos en sentido contrario. Y que el hacer uso del contexto hebreo en el que fueron escritas, nos conduce al camino del entendimiento del correcto sentido de cada una de sus palabras. He redescubierto las raíces hebreas de mi fe. Me reconozco como autentico miembro del pueblo de Dios. Ahora ya sé lo que debo de hacer, lo que espera el Eterno de mí. Dios ha estado renovando mi entendimiento. Prosigo a la meta. Veinticinco años en el cristianismo, jamás los voy a considerar como tiempo perdido. Fue allí donde inició mi búsqueda, donde El Eterno tuvo misericordia de mí. Ese no es el fin del camino, solo el inicio del camino de regreso a las sendas antiguas. Asústate si quieres, es válido. Recordemos que a un hombre tan erudito como Pablo también le sucedió: que amando al Eterno con todo, de pronto se halló luchando en contra de Él. Creo que Dios habrá de poner a cada uno de sus hijitos en esta misma circunstancia. Por eso, antes de tomar alguna decisión: infórmate primero. Hoy tú tienes el poder de darte una oportunidad. No hay dolo. No hay engaño.

Cancún, Q. Roo., a 1 de Abril de 2009.





Yohanan Yosef, México DF
En el pasado cuando andaba sin Dios, sin pactos, sin esperanza, nunca me imaginé que algún día iban ser abiertos mis ojos para vislumbrar la luz tan pura y la riqueza que emana de cada letra que me conquista y me convence que El ha puesto su mirada en mí, asimismo, me da la oportunidad de ser parte de esa esposa amada (Israel).
El recuperar una herencia que nos fue robada y ver que el dulce Pastor de Israel abre sus brazos para recibirnos nuevamente, afirma y fortalece mi convicción de que la Biblia es más real que cualquier cosa.
¿Te imaginas? ¿Alguien como yo?, nacido en la Ciudad de México, buscando actualmente la leche espiritual no adulterada (torah), palabras de bendición dadas a un pueblo a miles de kilómetros de aquí, creo que no existe ninguna coincidencia, Dios me trajo de nuevo, me recibió con un beso lleno de amor y perdón , ahora estoy aquí, a sus pies , queriendo servirle.
Te amo, Dios de mi salvación, Dios de Israel, Padre de mi amado maestro e inspiración mía Yeshua.
Bendiciones, Su hermano Yohanan Yosef






TESTIMONIO EN AUDIO MP3 DE JUAN JOSE ACEVES, PASTOR EN EL LA CIUDAD DE MEXICO.